Cael estaba en su despacho cuando un joven mozo, empapado por la lluvia, llegó jadeando hasta la entrada.
—Es... es para usted... solo para usted —dijo, entregándole un pequeño rollo sellado con el emblema del Alfa.
Cael lo reconoció de inmediato. Rompió el sello y leyó el contenido. Su rostro, ya endurecido por la vida, se tensó aún más al leer cada línea. Darién se había ido… tras ella. No dio detalles, pero no hacía falta.
—Maldito impulsivo —susurró, aunque en el fondo, una parte de él s