El lobo en llamas giró la cabeza justo a tiempo.
Desde lo alto, entre el rugido de la tormenta y el crujido de la batalla, vio la silueta roja surcando el cielo como una centella ardiente. No podía creerlo. No… no después de lo que acababa de vivir.
—¡¿Nyrea, qué haces aquí?! —rugió a través del vínculo, mientras la veía aterrizar entre llamas.
—Luchando por nuestros hijos —respondió ella, jadeante, con voz temblorosa pero decidida.
El choque de sus miradas fue instantáneo. Darién sentía un