Kaelrik y Cael no soltaron a Aldrik ni un segundo. Nadie les iba a quitar el derecho de arrastrar a ese monstruo ante el juicio. Lo tomaron por los brazos, inconsciente, y comenzaron a arrastrarlo hacia la prisión subterránea. Kaelrik no hablaba, pero su mandíbula estaba tensa como si contuviera una tormenta.
Mientras tanto, Sareth y un debilitado Darién llevaban a Nyrea entre los escombros y la sangre. Ella estaba completamente inconsciente, su piel pálida, su cuerpo flácido en los brazos de