Capítulo 40.
Lo miré fijamente, tratando de que mi respiración se estabilizara mientras el ascensor subía. Nicolás me acorralaba con esa intensidad que me hacía sentir pequeña y poderosa a la vez, pero yo tenía que mantener la cabeza fría por los dos.
— No puedes decir nada porque, para empezar, ni siquiera estoy marcada — le solté, tratando de sonar más segura de lo que me sentía.
Él arqueó una ceja, su mirada descendiendo instintivamente hacia mi cuello y luego hacia mi cadera.
— ¿Y cómo estás tan segura