72.
El silencio del refugio se vio roto por el eco rítmico de un bastón golpeando el suelo de mármol. La puerta reforzada se abrió de par en par, dejando entrar la figura gélida del patriarca de los Montesco.
Nicolás, que no se había apartado de la cama de Freya, reaccionó antes de que el anciano cruzara el umbral. No fue una reacción humana. Un gruñido vibró en las paredes, un sonido que nació desde lo más profundo de su pecho. En un parpadeo una criatura de pesadilla se interpuso entre la cama y