71.

Mis parpados pesaban como si estuvieran sellados con plomo. Cada vez que lograba emerger de la neblina del sedante, el mundo se sentía fragmentado y veía borroso enfocando escenas distorsionadas... Pero en todas esas imágenes había una constante que me anclaba a la realidad: el calor de su mano rodeando la mía.

Nicolás no se había movido.

Estaba sentado en una silla de respaldo alto junto a la cama, con la luz de la luna filtrándose por los ventanales del refugio y perfilando su silueta como un
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