Todos dormían. Excepto Aisha.
Ella no podía dormir.
Llevaba casi una hora dando vueltas en la cama, removiendo las sábanas con impaciencia. Su respiración era acelerada, su piel ardía con una sensación inquietante que la hacía sentirse intranquila. No era solo la emoción de estar en la casa de Maximiliano, ni la anticipación de la boda que se estaba organizando con prisa. Era él.
Desde que sintió sus labios, sus manos en su piel, su cuerpo dominante, Aisha supo que lo quería, aunque esa noch