El corazón de Maximiliano aún retumbaba en su pecho, pero su mente trabajaba con rapidez.
Algo no encajaba. Algo no se sentía bien.
Bajó su rostro hasta el de ella, buscando en la penumbra una marca que no debería haber desaparecido. Ariadna tenía una pequeña cicatriz en el cuello, producto de un corte con un bisturí semanas atrás. Era casi imperceptible a la distancia, pero la de la barbilla, aunque fina, debía sentirse al contacto.
Su pulgar se deslizó lentamente sobre la piel de la mujer q