No había otra opción, lo supo desde que él apareció en su puerta.
Ariadna se sentó en el asiento del copiloto con la mirada fija en la ventanilla, sin hacer ningún esfuerzo por reconocer su entorno ni prestarle atención a Maximiliano.
Él no intentó hablar. Sabía que cualquier palabra que saliera de su boca sería ignorada o rechazada con frialdad. Pero eso no evitó que su ansiedad creciera con cada minuto que pasaba. No podía dejar de pensar en lo que estaban a punto de hacer.
La prueba de pat