A pesar del clima templado y la tranquilidad de la carretera, el ambiente entre ellos era diferente, más calmo que de costumbre. Habían pasado muchas cosas en las últimas semanas, pero al menos ahora podían sentarse uno al lado del otro sin pelear o estar a la defensiva.
Él se estaba acostumbrando a esa calma. Empezaba a gustarle. Le daba más tiempo para mirarla, para contemplar a su esposa.
Ariadna estaba distraída, revisando su teléfono sin mucho interés. De vez en cuando suspiraba, perdida