La mesa estaba servida con elegancia, pero lo que más destacaba era la enorme bandeja de sushi frente a Ariadna. Había una pequeña porción para Maximiliano, pero la mayoría del sushi estaba dispuesto para ella.
No había ni una pizca de vergüenza en su expresión.
Ariadna tomó los palillos con naturalidad, sumergió un rollo en la salsa de soya y lo llevó a su boca con una satisfacción evidente. Cerró los ojos brevemente mientras el sabor se expandía en su paladar y luego suspiró con un placer t