Ariadna cerró la puerta de su habitación y apoyó la frente contra la madera, respirando con dificultad.
Sus manos temblaban mientras palpaba los rasguños y moretones en su rostro. La adrenalina de la pelea con Aisha apenas comenzaba a disiparse, dejando en su lugar el ardor punzante de cada golpe recibido.
Se giró y caminó hasta el pequeño espejo que colgaba en la pared. Su reflejo la miró con ojos cansados y enrojecidos. El labio inferior tenía una pequeña cortada, su mejilla estaba enrojecida