Ariadna llegó a casa justo a la hora de la cena. Se sentía cansada, un poco agobiada, pero al menos tranquila después de haber hablado con su madre.
Al entrar en el salón, encontró a Maximiliano sentado en uno de los sofás, hojeando algo en su teléfono. Levantó la mirada en cuanto la vio.
—Vamos a cenar —le avisó con naturalidad.
Ariadna se detuvo a unos metros, se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla.
—Quiero tomar una ducha primero.
—Está bien, te espero en la mesa.
Ella asintió