Ariadna estaba recostada contra las almohadas, el cuerpo aún débil temblándole mientras el recuerdo de las palabras de su padre, el recuerdo de toda esa charla se quedaba en su cabeza.
Ella soltó un suspiro cuando un llanto suave rompió el silencio. Era Marc, moviéndose inquieto en su cuna. Segundos después, Eric se unía a la sinfónica con un gemido agudo, sus manitas agitándose bajo la manta. Ariadna respiró hondo, un suspiro que le raspó la garganta, y se inclinó hacia las cunas con un esfuer