Ariadna Valdés miró a su padre fijamente desde la cama, sus ojos verdes clavados en él con una intensidad que cortaba el aire.
Leonardo estaba de pie junto a ella, sosteniendo aún su mano tras el alivio de verla de nuevo, pero al sentir esa mirada, apartó la vista, el peso de su presencia abrumándolo. Dio un paso atrás y comenzó a caminar por la habitación, sus pasos lentos resonando en el suelo mientras el silencio entre ellos se volvía denso. Ariadna respiró hondo antes de hablar.
—Papá, sién