El cielo tenía un tono gris amenazante cuando llegaron a la villa privada. El aire cálido del verano comenzaba a mezclarse con la humedad de la tormenta que se avecinaba.
La casa, ubicada en una colina apartada, tenía una arquitectura clásica, con muros de piedra y grandes ventanales que daban al valle. Era hermosa, imponente, un paraíso diseñado para una luna de miel de ensueño.
Pero no para ellos.
Maximiliano no había hablado mucho en el trayecto desde el aeropuerto. Ariadna tampoco. Había