El reloj marcaba las nueve de la mañana cuando Maximiliano abrió los ojos.
Por un segundo, olvidó dónde estaba, qué día era.
Pero la realidad cayó sobre él de pronto.
Hoy se casaba.
Se quedó tendido en la cama, mirando el techo, sintiendo un peso en el pecho que no supo descifrar.
No era emoción.
No era felicidad.
Era algo extraño.
Se incorporó lentamente y apoyó los codos sobre sus rodillas, enterrando el rostro en sus manos.
Su respiración era tranquila, controlada… pero había un nudo