Él estaba recostado al marco de la puerta del baño mientras la veía hacerse una trenza en su larga cabellera rojiza.
Ariadna se movía con gracia, aunque con cierta torpeza, intentando dominar el cabello que parecía tener vida propia. Max observaba en silencio, disfrutando de ese momento íntimo que, aunque cotidiano, le resultaba fascinante. Notaba cómo la luz del baño resaltaba los tonos cobrizos de su cabello, y cómo sus manos, aunque temblorosas, trabajaban con determinación. Era una imagen q