Estaba en la cama, intentando leer una novela ligera que había comprado hace un par de días, pero las palabras se desvanecían antes de llegar a mi mente.
El día había sido largo, agotador, con las náuseas matutinas dando paso a un cansancio que se asentaba en mis huesos. Mi vientre hacía que cada movimiento fuera un esfuerzo, pero las pataditas de Ariadna y Aisha me recordaban por qué valía la pena.
Leonardo había salido temprano otra vez, una reunión de última hora que no explicó del todo, sol