El pasillo del apartamento parecía alargarse mientras Víctor y Ariadna caminaban hacia su habitación, el sonido de sus pasos silbando contra las paredes como un tambor silencioso.
El beso en el salón los había dejado temblando, las respiraciones agitadas y las miradas cargadas de un deseo que ninguno podía ignorar. Ella llevaba su pijama —la camiseta gris holgada y los pantalones azules—, y él aún tenía la chaqueta puesta, como si no se atreviera a quitársela y hacer el momento más real. Darcy