Víctor y Ariadna estaban en el salón, la lámpara de pie arrojando un brillo ámbar sobre el sofá desordenado y las paredes llenas de dibujos infantiles. Ella jugueteaba con el borde de su bufanda gris, el corazón latiéndole como un tambor mientras él se pasaba una mano por el cabello, buscando romper la quietud que los envolvía.
—Voy a buscarte algo para que te pongas —dijo al fin, su voz baja y un poco ronca mientras señalaba el pasillo con un gesto nervioso—. No vas a dormir con jeans, ¿verdad