Al llegar al primer anillo de seguridad los hombres a cargo de la seguridad en la propiedad de la familia Fiorentini se hicieron de un lado y permitieron el paso.
Leonardo y su gente ingresaron tranquilamente hasta llegar al interior de la propiedad, Marcello llevaba la mirada de un lado a otro, su respiración estaba agitada impaciente ante la cantidad de hombres que protegían el lugar.
—Señor, podrás decir lo que quieras, pero esta es una pésima idea, es la idea más terrible que has tenido, n