Leonardo paseaba en el patio trasero, estaba desesperado; la poca paciencia que tenía había desaparecido, estaba hecho un demonio, nadie daba razón sobre el paradero de su hija, ni siquiera habían rastros de su cadáver.
Tomó una botella con whisky y la lanzó contra el piso, luego lanzó los vasos que habían sobre la mesa, todo a su paso lo destruyó, en aquel momento de pánico y desesperación Leonardo lo único que quería saber era el paradero de su hija.
Luca llegó a toda prisa, los hombres al