Unas semanas más tarde.
Santino recorría la propiedad de su padre con una sonrisa en el rostro, el amor se había apoderado de él, sentía mariposas flotando en su estómago cada vez que pensaba en Greta.
—Pero miren nomás a quien me acabo de encontrar, mi hermana, la mujer que ahora nos odia por llevar esta clase de vida, una vida que ha hecho que tengas y seas lo que eres —comentó Santino en tono de burla.
—Ya cállate y déjame sola mini mafioso de caricatura barata —respondió Anna observando de