Roma/Italia.
Leonardo esperaba sentado en la sala de la propiedad, Santino estaba de regreso, soltó el maletín sobre el sofá y saludó a su padre con un abrazo.
—¿Qué tal estuvo tu día hijo?
—Interesante, pero no tanto como lo deseo, sabes muy bien lo que me haría feliz —Leonardo colocó la mano sobre su hombro.
—No sabes lo que estás pidiendo, esta clase de vida no es merecedora de un buen muchacho como lo eres tú, lo último que quisiera es que terminaras siendo infeliz como yo, todo por las m