La verdad final
El crepúsculo pintaba el cielo de Reikiavik con tonos violáceos y azul profundo, proyectando sombras alargadas a través de las delgadas ventanas reforzadas del búnker. En su interior, una quietud densa lo cubría todo como una manta. Sophie y Logan estaban sentados juntos en un sofá, sus cuerpos cerca pero tensos, las manos entrelazadas con fuerza contenida. Detrás de una puerta cerrada, los trillizos dormían plácidamente, sus pequeños pechos subiendo y bajando con un ritmo inoce