Inocencia robada
La brisa del atardecer en el refugio de Escocia traía consigo un aroma a pino y libertad, pero para Sophie y Logan, era un recordatorio de lo frágil que era su paz. Sentados en la mesa de trabajo, con una ventana abierta al jardín, el murmullo de las hojas y las risas de sus hijos contrastaban dolorosamente con lo que leían en pantalla.
Los trillizos —Liam, Noah y Alex— corrían entre los árboles, lanzando una pelota que flotaba un segundo en el aire antes de que Liam la desviar