Todo arde
El aire en Berlín olía a hierro, humo y desesperanza. Las calles estaban cubiertas por una capa de polvo grisáceo que caía como ceniza de un incendio invisible, y el eco sordo de la explosión en la instalación bajo el Reichstag aún vibraba en las estructuras derruidas. Las sirenas de emergencia, lejanas y apagadas, eran un coro fúnebre que acompañaba la huida.
Sophie, Mateo y Victor arrastraban a Logan por un túnel de servicio, sus pasos tambaleantes resonando en el concreto agrietado