Logan no se movió. Estaba firme, tan imponente como siempre, su mirada de acero fija en Sophie, pero su rostro reflejaba una mezcla de desesperación y dolor. No era un hombre débil, ni estaba dispuesto a ceder sin luchar.
– Las cosas sucedieron tal como te lo expliqué, Sophie. Esa noche que nos vimos en la reunión con Walter, tomé un trago… algo sucedió, no sé qué, pero no me acosté con esa mujer. Yo no te engañé.
Su voz era grave, pero no temblaba. Cada palabra estaba cargada de verdad, y aunque su tono era firme, el destello de culpabilidad en sus ojos se hacía visible. Era un hombre que luchaba por salvar lo que amaba, aunque su propia consciencia no lo dejara descansar.
Pero Sophie no lo escuchaba, su rabia era demasiado fuerte, como una ola imparable que arrasaba con todo.
– ¡No fue lo que vi, Logan! Te vi fuerte y decidido, entrando en ese hotel con ella, en control de todos tus sentidos. ¡¿Cómo me explicas eso?!
Logan apretó los dientes, su mandíbula tensándose con rabia conteni