Capítulo cuarenta y dos: El monstruo que pretendes ser
Esa noche, Thalia llevaba el vestido rosa. Sí, esa cosa vaporosa que parecía flotar a su alrededor. Tenía el pelo con reflejos castaños recogido en un elegante moño y una tiara sobre la cabeza.
Era extraño y, sin embargo, familiar al mismo tiempo. Aquella había sido su vida una vez. Fiestas, preciosos vestidos, tiaras. Había sido la heredera de la fortuna Dixon (su familia materna), pero solo había experimentado la distancia de la sociedad