Capítulo ciento cuatro: Vete a los mil infiernos
—¿Dime una cosa...?
De repente Praxis cambiaba de actitud y Thalia le miró algo confundida. Por suerte había podido dejar el micrófono puesto en donde pudo debajo de la mesa y ya podía irse. Por mucho que le apeteciera embriagarse de la colonia de su marido, saborear el color eléctrico de sus ojos en los suyos, mirar todo ese cuerpo que tan bien conocía y comérselo a besos, sabía que estaba siendo observada y escuchada, eso le impedía cumplir su