Maya había llegado con tanta prisa y estaba casi segura de que vería a Alexander en cuanto entrara. Al mismo tiempo, sabía que tendría que soportar presenciar una escena desagradable.
Sería cegador, sin duda.
Era una trampa.
¡Una trampa enorme y descarada!
¿Cuál era el propósito de Alexander? ¿Humillarla?
La fuerza con la que había empujado la puerta momentos antes se había desvanecido. Ya no tenía intención de abrirla.
Maya retiró la mano y se dio la vuelta para marcharse.
El guardaespaldas la