—Eso es bueno. Debe ser muy difícil para usted —dijo la señora Fine.
—Tengo las manos atadas. También es por el bien de los niños. Solo puedo aceptar un compromiso. Cuando se canse de mí en el futuro, finalmente tendré mi libertad —dijo Maya, anhelando que ese día llegara.
No sabía a quién intentaba consolar con ese tipo de pensamientos.
La respuesta a si ese día llegaría tarde o temprano seguía siendo un misterio para ella.
Ese día, Maya había escuchado la voz de una mujer proveniente de la sa