Maya respiró hondo. No entendía por qué volvía a sacar ese tema.
—No lo sé… Solo tengo esa sensación cuando no puedo encontrarte. Ya te lo expliqué: solo se lo decía a Yvonne. Aquella vez, cuando Henry y yo fuimos al extranjero, no fue por él, sino por ti. Si realmente lo hubiera tenido en mi corazón, habría huido aún más lejos…
—¿Crees que no conozco tus pensamientos? ¿Hmm? —Alexander la miró profundamente con sus ojos oscuros, sin rastro alguno de ira.
Maya se quedó atónita.
—Entonces… ¿por q