El teléfono sonó a las nueve y cuarto de la mañana.
Laura estaba en la firma revisando los planos del proyecto Lisboa cuando vio el número de Bruno en la pantalla. Lo cogió antes del segundo tono.
—Noventa y nueve coma noventa y ocho por ciento.
Tres segundos de silencio.
—Álvaro es el padre biológico. —La voz de Bruno era la de alguien que ha tenido razón desde el principio pero no siente placer en confirmarlo—. El laboratorio entregó los resultados al juzgado esta mañana. El informe estará en