Bruno estaba a punto de salir cuando llegó Laura.
Lo vio a través del cristal de la entrada: la chaqueta puesta, el maletín en la mano, las llaves ya en los dedos. Tres segundos más y se lo habría perdido.
Llamó al cristal con los nudillos.
Bruno la miró. Leyó algo en su cara. Dejó el maletín en el suelo.
Abrió la puerta.
—¿Qué pasó?
Laura sacó la hoja doblada del bolso y se la puso en la mano.
Era la nota de Raquel. Manuscrita, en el formulario estándar del centro de punto de encuentro: fecha,