Bruno llegó al hotel en veinte minutos.
Laura lo esperaba en el lobby con la fotografía sobre la mesilla de cristal y el abrigo todavía puesto, porque no había tenido instinto de quitárselo. Eso decía algo sobre el estado en que estaba.
Bruno se sentó frente a ella. Cogió la foto. La examinó por el anverso. La dio la vuelta. Leyó la frase. La releyó.
La dejó sobre la mesa.
—¿Reconoces al hombre?
—Es mi padre. —La voz salió más plana de lo que pretendía—. Domingo Valdés. Murió hace ocho años. Yo