El despacho de Bruno olía a café viejo y a urgencia.
Eran las nueve y cuarto de la noche cuando Laura entró. Bruno llevaba puesto el mismo traje del mediodía pero sin la chaqueta, lo cual en él equivalía a una declaración de emergencia. Tenía la demanda impresa en tres copias sobre el escritorio y el ordenador con cuatro ventanas abiertas en paralelo.
Laura dejó la maleta de Lisboa en la puerta.
No se sentó.
—Cuéntame.
Bruno señaló la primera copia.
—Carmen presentó esta mañana ante el Juzgado