El teléfono sonó a las once de la noche.
Laura estaba todavía despierta, leyendo en el despacho con la lámpara pequeña encendida, Álvaro ya dormido desde hacía una hora. En el mes de octubre que llevaba Blanca presidiendo el Comité de Derechos Fundamentales, las llamadas a horas irregulares se habían convertido en una posibilidad que Laura tenía en la cabeza de manera constante, sin ansiedad pero sí con una atención particular hacia el teléfono que no había tenido antes de que Blanca asumiera e