La cocina a las siete de la mañana tenía esa luz todavía fría de los días que empiezan antes de que el sol haya terminado de decidir qué tipo de día va a ser.
Laura cogió un papel de la pila que guardaba en el cajón de la cocina, el mismo cajón donde Álvaro guardaba los cupones de los supermercados que nunca usaba y el cable del cargador antiguo que ninguno de los dos sabía con certeza si todavía servía para algo.
No fue al despacho.
Se quedó en la cocina, de pie, con el papel sobre la encimera