Zoe gimió en su boca y enterraba los dedos entre su pelo de manera instintiva. Un ardor recorrió sus entrañas y él se abalanzó sobre ella gruñendo descontrolado. Él sofocó los pequeños jadeos apretando sus labios contra los de ella con frenética avidez.
—Pequeña, respira — le ordenó cuando sostuvo ambos lados de su rostro con sus grandes manos. Luego se apartó un poco más para cargarla haciéndole chillar de la impresión:
—¡Sharman!
Fue tan rápido que la llevó a la habitación y la dejó sobre l