Zoe estaba frente a las puertas del ascensor que da entrada al penthouse y del que hace poco salió corriendo como si el mismo diablo la estuviera persiguiendo.
Apretaba los puños. No le gustaba nada ser tan indecisa, debido a que se estaba contradiciendo a sí misma al estar allí, dijo claro que no iría y ahora estaba a la espera de que le dieran el acceso.
«Mi amor por Harold no me hace perderme en el proceso, pero el deseo endemoniado que despertó este hombre sí, ¡Qué ridiculez la mía!», se r