Narrador omnisciente
El auto todavía olía a café tibio y desinfectante barato cuando Lisa estacionó frente al colegio. El cielo tenía ese color grisáceo de las mañanas que no terminan de despertar, y los alumnos caminaban apurados entre mochilas, uniformes arrugados y murmullo de conversaciones.
Mara observaba a su madre desde el asiento de atrás. La mujer intentaba sonreír, pero esa sonrisa le temblaba en el borde, como si estuviera hecha de papel húmedo. La directora había aceptado no expuls