Narrador omnisciente
El eco de esas tres palabras seguía vibrando en su cabeza. Es mi mujer.
No sabía si Cristian lo había dicho para protegerla o si realmente lo sentía. La idea la estremeció, la descolocó por completo. Sentía que el suelo se movía bajo sus pies, que la habitación, tan grande y ajena, se cerraba lentamente sobre ella.
Apretó la sábana entre los dedos y se incorporó despacio. El aire tenía ese olor limpio y amaderado que ya empezaba a reconocer como suyo, aunque en realidad no