Narrador omnisciente
El rugido volvió a sacudir la casa. Esta vez más cerca, más intenso, tan profundo que las ventanas vibraron. Lisa se llevó las manos a los oídos, intentando ahogar el sonido que parecía nacer desde las entrañas de la tierra.
El silencio posterior fue todavía peor.
Por un instante, no se escuchó nada. Ni voces, ni pasos, ni el eco lejano del viento. Solo el latido desesperado de su propio corazón.
Dio un paso hacia la puerta. Dudó.
Su respiración era corta, entrecortada, co