Cristian
Llegué a la oficina con la mente todavía dividida entre la cena de anoche y la conversación con Lisa. Había intentado mantener la calma toda la mañana, pero la tensión persistía, y cada minuto lejos de ella parecía estirarse interminablemente. Entré al edificio y saludé a mi secretaria con un asentimiento breve; hoy no tenía tiempo para sonrisas innecesarias.
—Buenos días, señor Beaumont —dijo ella con su habitual tono cordial.
—Buenos días —respondí, caminando directo hacia mi of