Lisa
Llegué a casa con la cabeza a punto de estallar. No podía creer lo que había hecho en la universidad. No podía creer que me hubiera parado frente a toda la clase para decirle eso a Cristian.
“¿A usted le pagan por enseñarnos o por coquetearle a todas las alumnas?”
Las palabras todavía me resonaban en la mente, tan claras, tan impulsivas, tan… mías.
Tiré la mochila sobre el sofá y me dejé caer. Tenía las manos temblando y el corazón acelerado. No sabía si de rabia, vergüenza o ambas cosas.