El vuelo descendía suavemente sobre Buenos Aires, con el resplandor del sol recortando las alas del avión. Lautaro, campeón bajo el peso reciente de la gloria, apoyaba la frente contra la ventana, mirando el suelo argentino que volvía a recibirlo. Las imágenes del torneo pasaban rápidas en su mente: la adrenalina del último partido, los abrazos de sus compañeros, la emoción de levantar la copa. Era un sueño cumplido, pero la victoria traía consigo un eco inquietante. Desde hacía días, una sombr