La habitación del hotel estaba en penumbra. La cortina semiabierta dejaba pasar una franja de luz de la calle, que se reflejaba en la mesa donde descansaban dos botellas de agua y un par de camisetas dobladas. Lautaro estaba sentado en la cama, con las manos entrelazadas y los codos sobre las rodillas. No había ruido, salvo el leve zumbido del aire acondicionado.
Su mente viajaba más rápido que cualquier pelota que hubiera corrido en su vida. Pensaba en todo lo que había pasado para llegar hast