El día llegó. Los cuartos de final estaban en marcha y la Escuela San Martín debía enfrentarse como visitante contra la temida Escuela Manuel Belgrano 1. El clima era perfecto para jugar al fútbol: cielo nublado, un poco de viento y esa tensión que se siente en la piel cuando lo que está en juego no es solo el resultado, sino el orgullo.
Desde casa, Gabriela, Jenifer y Erica se sentaron frente al televisor para seguir la transmisión en vivo. Aunque la señal no era la mejor, lograban ver con cla